BENBENUTO

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Que tu estancia aquí sea placentera, y que mis letras logren llevarte a la reflexión, al análisis pero sobre todo, que te sirvan de aliento, de consuelo y apoyo. No estás solo, escritor novel. Yo camino a tu lado, hoy y siempre.

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domingo, 9 de enero de 2011

LA DESCRIPCIÓN

Luego de que varios de ustedes me preguntaran sobre cómo lograba mis descripciones decidí redactar un artículo que más o menos les ayude en este proceso. Repito, no pretendo hacerla de licenciada en literatura ni nada por el estilo, lo que aquí plasmo se basa en otras fuentes (que añadiré al final) y mi humilde experiencia.


«Todo el que escribe se enfrenta alguna vez con el problema descriptivo. Incluso un simple informe, a veces, lleva implícita una somera descripción. Describir bien lo que vemos es fundamental; pero la tarea no es tan fácil como pudiera creerse. Tan importante es esta materia que se ha dicho, con razón, que la descripción es “la piedra de toque de los buenos escritores”. Y ello porque el que describe debe provocar la imaginación del lector una impresión “de algún modo equivalente a la impresión sensible. »


Antes de hablar sobre los elementos fundamentales de la descripción, recalcaré algo que ya había mencionado con anterioridad: hay que saber cuándo insertar una descripción. Por ejemplo:


«Se levantó de un salto al escuchar ruidos en el cuarto de lavado. ¿Cabría la posibilidad de que llegara a tiempo? En el trayecto llamó a su esposo, pero este no respondió. Alcanzó su destino; la luz de la habitación estaba encendida a modo de invitación silenciosa. Con pasos dubitativos se adentró en ella, sus ojos iban y venían en busca de algo que le diera la señal de alarma. »


Para los que ya lo leyeron seguro que identificaron el origen de este párrafo: Hoy quiero ser Blancanieves, uno de mis cuentos publicados en Potterfics. Si se fijan, no he descrito la estancia de lavado. El único dato que doy del lugar es la luz encendida. Quizás pude haber añadido: «Era grande, el suelo se veía mojado, cajas y cajas se apilaban en las orillas, mugre en los cientos de artilugios inservibles, un burro de planchar hacia un costado…»; pero esta descripción, gente linda que lee, estorba. El relato es de suspense y terror, poner esta descripción corta la tensión que desde arriba vengo intensificando. Lo que urge saber es si se ha llegado a tiempo de evitar otra muerte, no el decorado del cuarto, por más espeluznante que se logre el texto. Al contrario del siguiente párrafo:


«Ella se perfiló en su campo de visión. Esa pequeña asesina desquiciada por no ser complacida. La señora Under no la identificó, esos ojos enormes como los de un gato a mitad de la noche. El pelo chorreaba la pintura que debía haberse empleado en el librero, el pijama salpicado en una llovizna azabache, color reflejo de su alma. Tenía la boca teñida de carmesí curvada en una sonrisa real y maniaca. »


En este caso, como podrán darse cuenta, la historia ha llegado a un punto de gran interés: la «revelación» de la asesina. En su programa de radio, Makoto Black argumentó que todo elemento en un cuento/novela tiene una razón de ser. Y las descripciones no son la excepción. Si la villana tuviese la misma pinta que al inicio de la historia, no tendría gracia describirla de nuevo. Pero con el giro de su personalidad dado los acontecimientos, la descripción sienta bien al relato, y provoca una reacción en el lector.


«Los detalles descriptivos dependen de nuestro estado de ánimo y de la sensación que se quiera dar. La mejor descripción no es la que pone más cosas, sino la que da una sensación más fuerte. No se trata de acumular detalles, sino de expresar los que sean llamativos, enérgicos y definitivos.
(…)
Como decía Voltaire: “el secreto de aburrir está en decirlo todo”. »


¿Pero cómo lograr una buena descripción? ¿O es que basta con redactar lo que nuestros ojos (mentales o físicos) captan? Bien, a eso vamos. Ya aclaramos que las descripciones no siempre son bienvenidas; y el saber cuándo sí y cuándo no ponerlas sólo lo sabremos conforme escribamos y leamos. Lo he dicho un montón de veces: fijarse en cómo nuestros autores favoritos manejan los elementos literarios es una muy buena herramienta de aprendizaje.


Pasemos, pues, a analizar estos elementos que influyen en una descripción:


Adjetivos: si, esos «moñitos» y «zapatitos» que hacen ver al niño más mono. Veamos que ocurre con ellos:


«Harumi era bella, increíblemente hermosa, de cabellos rubios, dorados como el sol…su boca pequeña y sonrosada, nariz respingada, esbelta, de pestañas largas y extremadamente negras como el azabache, alta, piernas largas, busto bien proporcionado, dueña de unos ojos azules tal cual zafiro, muy asemejado a la tonalidad del profundo mar…»


• Regla número 1:
Evitar la aglomeración de adjetivos de similar significado. (Si el segundo adjetivo reitera el primero es innecesario)


-Bella y hermosa son sinónimos.
-Rubios y dorados dan a entender lo mismo, lo que se recomendaría el dejar sólo a uno. De igual manera ocurre al describir los ojos, realizar tantas comparaciones puede resultar tedioso.


• Regla número 2:
Síndrome del Poeta Frustrado.
Es aquel que piensa que añadiendo adjetivos embellece la frase.


Retomemos el párrafo de Harumi. Al decir tanto sobre ella, llega un punto donde el personaje ya no es creíble. A menos claro, que quien la describa sea alguien obsesionado con ella y la vea perfecta, para conforme avance la historia darse cuenta de que la chica en cuestión no era como él la pintaba.


• Regla número 4:
Síndrome del chico duro.
Lo opuesto del poeta frustrado, lenguaje duro, confiando sólo en la fuerza del verbo y los sustantivos.


Ejemplo:


«En la estancia se erigía una silla, ocupada por un cuerpo. La cabeza de la víctima caía sobre su pecho, con un cuchillo en la nuca. El pelo se desparramaba sobre los hombros y brazos. La boca estaba taponada con una mordaza, los ojos fijos en los papeles que se esparcían a sus pies. »


Ahora, el texto original:


«En el centro de la estancia se erigía una silla funesta, ocupada por un cuerpo inerte. La cabeza de la víctima caía sobre su pecho, adornada con un cuchillo carnicero en la nuca. El pelo rubio y largo se desparramaba sobre los hombros y brazos. La boca abierta estaba taponada con una mordaza, los ojos desmesuradamente fijos en los papeles que se esparcían a sus pies. »


• Regla 5:
Se debe tener cuidado con las terminaciones en mente, estas pueden ser sustituidas.
Ejemplo:


«INEVITABLEMENTE, ella se perfiló en su campo de visión. Esa pequeña asesina desquiciada por no ser complacida. La señora Under no la identificó, esos ojos ENORMEMENTE grandes como los de un gato a mitad de la noche. El pelo chorreaba LENTAMENTE la pintura que debía haberse empleado en el librero, el pijama salpicado en una llovizna azabache, color reflejo de su alma. Tenía la boca teñida INTENSAMENTE de carmesí, curvada en una sonrisa MAJESTUOSAMENTE maniaca. »


Texto original:


«Ella se perfiló en su campo de visión. Esa pequeña asesina desquiciada por no ser complacida. La señora Under no la identificó, esos ojos enormes como los de un gato a mitad de la noche. El pelo chorreaba la pintura que debía haberse empleado en el librero, el pijama salpicado en una llovizna azabache, color reflejo de su alma. Tenía la boca teñida de carmesí curvada en una sonrisa real y maniaca. »


• Enfermedad de la Metaforitis
Es el abuso de las comparaciones.


Ejemplo:
«Su piel era blanca como la nieve, ojos esmeralda, labios rojos cual rubí, cabello ébano, manos delicadas como las de las princesas…» ¡Y ya, por piedad!)


Y eso es todo. Espero que les sirva de algo; recuerden centrarse en lo que se quiere transmitir con la descripción, y si en realidad se necesita plasmarla. Creo que más que otra cosa es saber escoger las palabras justas, para así decir mucho en poco. Y para hacer eso necesitamos leer, ampliar nuestro vocabulario, fijarnos en los trucos que utilizan nuestros autores favoritos.
Así que ya saben, lean… ¡y no dejen de escribir!


Bibliografía de apoyo:
«Los Desafíos de la Ficción (técnicas narrativas)»; Casa Editora Abril; Centro de formación literaria Onelio Jorge Cardoso.

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