BENBENUTO

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sábado, 7 de marzo de 2015

Reseña: «El nombre del viento (Crónicas del asesino de reyes, #1)», de Patrick Rothfus


 
Datos:
Título del libro: El nombre del viento.
Saga: Crónicas del asesino de reyes #1
Autor: Patrick Rothfus.
Editorial: Plaza & Janés.
ISBN: 8401337208
. Año de publicación: 2009
Número de páginas: 872.

Sinopsis:
En una posada en tierra de nadie, un hombre se dispone a relatar, por primera vez, la auténtica historia de su vida. Una historia que únicamente él conoce y que ha quedado diluida tras los rumores, las conjeturas y los cuentos de taberna que le han convertido en un personaje legendario a quien todos daban ya por muerto: Kvothe... músico, mendigo, ladrón, estudiante, mago, héroe y asesino.
Ahora va a revelar la verdad sobre sí mismo. Y para ello debe empezar por el principio: su infancia en una troupe de artistas itinerantes, los años malviviendo como un ladronzuelo en las calles de una gran ciudad y su llegada a una universidad donde esperaba encontrar todas las respuestas que había estado buscando.
«He robado princesas a reyes agónicos. Incendié la ciudad de Trebon. He pasado la noche con Felurian y he despertado vivo y cuerdo. Me expulsaron de la Universidad a una edad a la que a la mayoría todavía no los dejan entrar. He recorrido de noche caminos de los que otros no se atreven a hablar ni siquiera de día. He hablado con dioses, he amado a mujeres y he escrito canciones que hacen llorar a los bardos.
Me llamo Kvothe. Quizá hayas oído hablar de mí.»

Mi opinión:
Cuando decidí agarrar este libro lo hice con muchas reservas. Con miedito, incluso. Ver cómo era comparado a Tolkien (a quien no he leído, aclaro) y a Martin me hacía arquear una ceja, porque independientemente de con quién sea comparado un autor, no sé, me parece una cosa muy fuerte (aparte de mortificarme un poquitín, no entiendo por qué algunos críticos tienen esa manía), porque no estamos hablando de cuando x autor tiene cierto aire de tal o cual novela, o nos recuerda el estilo de otros escritores, sino que estamos comparando, y para mí hacer eso es como poner al mismo nivel dichas lecturas. Pero bueno, eso es una cosa muy personal, el caso es que a mí me daba ñáñaras agarrar esta novela por la enorme cantidad de maravillas que se decían al respecto.
Pero cuando lo terminé…cuando lo terminé supe que cada hora de mi tiempo invertida en la lectura de esta novela había valido la pena. Y no sólo eso, sino que este texto ha pasado a entrar en la categoría de los libros que me han salvado la vida. ¿Y eso qué quiere decir? Que es el tipo de novelas que me hacen reír, llorar, reflexionar y que conectan conmigo profundamente. Son muy pocos los tomos que provocan en mí semejante cosa, de entre ellos mencionaré los de Harry Potter —algunos más que otros—, «Blanca como la nieve, roja como la sangre», «Donde los árboles cantan» y «Finis Mundi». Esto no quiere decir que el resto de libros que he leído y reseñado no sean buenos, a muchos les he aprendido un montón de cosas y respeto enormemente a sus autores, pero estos libros en específico me han hecho sentirme no tan sola, ni tan rara, aparte de darme una especie de aliento para seguir caminando. Suena un poco dramático, pero así es como único podría explicar lo que me han causado estos títulos, además de agregar que aparte de llevarse mi cariño y mi respeto, se han ganado mi gratitud.
Pero bueno, dejemos de lado mi sensiblería y pasemos a lo que en realidad nos importa:
La narración: uno de los varios aspectos que me han asombrado dentro de este libro, es encontrar un tipo de narración sumamente riesgosa. Y es que Kvothe, el protagonista, está a punto de contar su historia, como si de repente alguien nos entregase un diario para que lo leyéramos. La parte positiva es que está en primera persona y nos enteramos de cada uno de los pensamientos y emociones del protagonista de las narraciones, pero en contrapartida está el hecho de que las escenas emocionantes o de suspenso que allí se plasman pueden verse opacadas, precisamente, porque sabemos que el protagonista ya las habrá librado. Este inconveniente puede llegar hasta el grado de hacernos dejar la lectura porque, ¿qué hay de emocionante en leer una escena en donde la vida del protagonista está en riesgo, si sabemos que de todas formas no va a morir? Por eso digo que este tipo de narración es riesgosa, porque hay que tener un don para mantener al lector sumergido en la historia, hasta tal punto que olvide que el protagonista ya ha pasado por todo eso, y se asuste cuando lo vea en peligro, se coma las uñas cuando la cosa se ponga intensa, o simple y sencillamente desee saber más. Pero Patrick Rothfus logra esto, a mi parecer, de forma magistral, porque me ha mantenido leyendo sin descanso y desconectándome del mundo real, olvidándome por completo de que el protagonista estaba sano y salvo.
Los personajes: resulta muy curioso cómo en algunas novelas su fuerza radica en los personajes, aunque en mi humilde opinión, este no es el caso. Con esto no quiero decir que los personajes no estén bien trabajados, para nada —he adorado a Bast y a Elodin—, pero creo que si nos ponemos puntillosos, Patrick Rothfus presenta cierto estereotipo de personajes adolescentes y, si me pongo estricta, diría que el Kvothe joven tiene demasiadas virtudes para mi gusto (a pesar de la cantidad de peripecias que pasa, el pobre), aunque no por ello ha dejado de gustarme.
La trama: creo que aquí es donde se encuentra la fuerza de esta obra.  Hay más que una búsqueda implacable dentro de la historia de este libro. Hay más que un chico pasando líos en la escuela, hay más que una escuela de magia, y, sobre todo, hay más que una historia cualquiera dentro de esta novela. Me encanta cuando las novelas tienen un trasfondo, cuando alguien toca valores, enseña lecciones de vida y aborda temas muy profundos como la existencia del ser y las cosas, pero más me emociona ver preceptos reales espléndidamente bien contados, y es que dentro de las páginas de este libro hay conceptos de filosofía muy complicados, demasiado profundos y, sin embargo, Patrick Rothfus los plantea de una forma bastante digerible —o al menos así me lo pareció—, haciendo que no sólo comprendas un galimatías, sino que lo encuentres hermoso y  que te conmueva hasta formarte un nudo en la garganta.
Y para terminar, y precisamente por el último punto que he tocado, creo que «El nombre del viento» no es para todos, en especial, si lo que buscas es algo que te dote de chorros de adrenalina. Este libro es para quienes nos gusta reflexionar, reírnos a carcajadas, llorar de emoción o tristeza, pero sobre todo, ver desde otro ángulo y con otra perspectiva lo que para muchos podría parecerles algo simple y aburrido. Este libro no es ligero, aunque sí que me ha parecido ameno, como un viejo amigo al que no veía desde hacía años, y cuyo abrazo repentino me ha llenado el corazón de luz y calor.
Mil gracias, Sr. Rothfus ;-)

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